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Educación Negada

Escrito por COPASE 05.05.2021

Durante la presente administración pública estatal, encabezada por el Gobernador Jaime Bonilla y las autoridades educativas responsables del Sistema Educativo exhiben un negacionismo por la realidad para evadir una verdad incómoda e impopular.   La dura realidad es que, se cuenta con una institución pública que pierde terreno, deficiente y no avanza. Naufraga a ciegas, sin plan ni brújula y lo peor, sin voluntad para implementar líneas de acción concretas y de alto impacto que mejore la calidad de los servicios que ofrece a los alumnos y padres de familia.   

La mayor limitación al crecimiento y bienestar social del estado es la baja calidad que ofrece el sistema educativo que, se niega transformarse en una institución moderna y competente. A pesar del gasto enorme de recursos públicos por $ 27 mil millones anuales, representan el 50 % del total de egreso del gobierno estatal, el resultado final de la eficiencia terminal efectiva es muy preocupante y alarmante, esto es, de cada 10 alumnos que ingresan a nivel medio superior, solo 2 egresan con un logro satisfactorio de aprendizaje o, en otras palabras, el 80 % de los alumnos abandonan la escuela y/o están impreparados. Lo mismo ocurre con tres de cada diez estudiantes en secundaria y cuatro de cada diez en primaria. (Fuente: PLANEA, SEP y de la Dirección General de Planeación) 

Mucho gasto, malos resultados.  

Lo angustioso es que la autoridad educativa, asumen la postura cómoda y demagógica en dejar hacer, dejar pasar, no se preocupan por lo que suceda porque el curso de las cosas debe de continuar sin necesidad de intervenir.  Es en esencia un acto irracional que, una y otra vez, le cierran la puerta a la innovación y a la sinergia social. Pretender que el aprendizaje de los alumnos va a mejorar por inercia e inacción es aferrarse a una falsa esperanza. En ese momento, no sirve de nada simular que no pasa nada, ni disculparnos diciendo que aún no estamos preparados.     

En retrospectiva, es fácil observar la apatía y negativismo gubernamental a los proyectos presentados:   

  1. ¿Se suscribió la alianza estratégica denominado Acuerdo Social por la educación en B.C.: AGENDA  2030?, instrumento en base a políticas públicas y programas educativos de largo alcance. 
    • NO
  2. ¿Se implemento el protocolo sanitario para el regreso de clases por la pandemia?
    • NO
  3. ¿Se aprovecho la inversión ejercida para concluir con el programa de capacitación e instalación de la plataforma de clase mundial Escuela Net en todos los niveles del sistema educativo?
    • NO
  4. ¿Operan los consejos de participación social estatal y municipal asegurando la participación de actores sociales en el quehacer y decidir educativo?
    • NO
  5. ¿Se implementaron las observaciones pendientes a la nueva ley de educación de B.C.?
    • NO 
  6. ¿Se incremento el número de escuelas de tiempo completo para ampliar la jornada escolar?
    • NO 
  7. ¿Se redujo el gran rezago histórico en infraestructura y equipamiento escolar?
    • NO 
  8. ¿Se estableció la comisión estatal de evaluación y mejora continua, para mayor avance en la cultura de la transparencia y rendición de cuentas?
    • NO 

Y, lo más crucial, ¿Hay mejor educación para los alumnos? Lamentablemente, la respuesta es NO, y lo más preocupante es que, la situación empeora.  

Los resultados son evidentes. Es imposible no reconocerlos. Lo cierto es que estamos ante una desgracia generacional en términos de atraso en la calidad, desmotivación y deserción escolar en B.C.  El sistema educativo está cargado de inercias y vicios sistémicos y, no ha hecho más que dar vueltas sobre sí misma, sin avanzar, esperando la instrucción y el quehacer llegue “de arriba”. El derrumbe es inminente, o ya ocurrió, pues las fallas son estructurales. 

Por eso es tan decepcionante ver que, en la pasada década, gobernadores y secretarios de educación entran y salen, mientras se gesta este desastre educativo, la realidad es que la clase política y gobernante son más jaloneados por intereses políticos que educativos, es un círculo vicioso y de autoengaño, que pone a los jóvenes bajacalifornianos en una clara desventaja frente a otras entidades y naciones. Pareciera que el gobierno estatal ha renunciado a mejorar la educación (como lo hicieron muchos otros gobiernos anteriores).  La pandemia vino a agravar más el, ya de por sí, desastroso panorama. Y les aseguro que, mientras B.C. tropieza, el mundo avanza y no espera. 

Debemos abrir los ojos y reconocer la existencia de un problema educativo, grave, que es preciso atender sin mayor dilación. No es cuestión solo de aprobar leyes nuevas que, por sí solas no cambian la realidad, sino implica esencialmente un cambio de actitud positiva para retomar un mejor camino.     

Pero antes, estamos obligados en dar respuesta a dos interrogantes: ¿De verdad no podemos asumir una posición más proactiva, con un acuerdo social emergente e innovador? ¿Qué esperamos para generar soluciones y alternativas novedosas y efectivas? 

A grandes problemas, grandes soluciones. Llego el momento de aprovechar las oportunidades que siempre surgen en tiempos difíciles. Mirar hacia adelante.  Urge concretar un nuevo proyecto educativo con ética y voluntad política para formar un nuevo tipo de ciudadano, que disfrute y conozca su cultura y otras del mundo, que aprenda y hable varias lenguas, que posea un dominio suficiente de la tecnología presente y la que esté por venir, formado en un modelo humanista que se enfoque en el perfil del ciudadano que conformará nuestra sociedad. 

COPASE opina que SI es posible; la educación es verla como fenómeno estrechamente relacionado con el cambio, que apunta al proceso complejo y permanente de innovación en el sistema educativo, sin embargo, es imprescindible que la autoridad estatal aprenda a voltear a ver y escuchar las propuestas fundadas de la sociedad y, responder con hechos concretos y así, meternos de lleno en la tarea para construir una nueva cultura por la educación en B.C.  

¿Que está en juego de fondo?

Las aspiraciones por un futuro mejor de un millón de alumnos bajacalifornianos y padres de familias. Estamos parados ante una encrucijada critico: ¿Seguiremos aceptando la apatía, la simulación, la resistencia y el negativismo del gobierno o tomaremos la ruta de la alianza y colaboración social por la calidad y cobertura, la trasparencia y rendición de cuentas?  La solución está en manos del C. Gobernador del estado y los que vengan en el futuro, como principales agentes de cambio. COPASE espera que tengan el valor y visión en tomar el rumbo acertado por el bien y el futuro de todos. Y si no, que los padres de familia y la sociedad entera tengan la valentía y pasión para exigirlo.  Urge, porque el tiempo y la paciencia social se agotan y, las oportunidades históricas desvanecen. ¿Mas de lo mismo o haremos algo mejor?